Un pastor evangélico viaja con su hija por una ruta perdida.
El auto se rompe.
Y terminan en un taller donde viven un mecánico, su hijo y una forma de entender el mundo completamente distinta.
En El viento que arrasa, Selva Almada encierra a cuatro personas en un mismo lugar durante unas pocas horas. Afuera, el calor y una tormenta que amenaza con llegar. Adentro, dos padres, dos hijos y distintas maneras de pensar qué significa cuidar a alguien.
La fe, la paternidad, el abandono y el deseo empiezan a chocar mientras cada adulto parece convencido de saber qué vida debería elegir su hijo.
Almada construye la tensión sin levantar demasiado la voz. Una conversación, una mirada o un silencio alcanzan para entender que algo está por romperse.
Una novela seca, tensa y llena de silencios.
A veces la tormenta no aparece en el cielo.
Está sentada en la reposera de al lado.
El viento que arrasa, de Selva Almada.
