Una monja escapa de un convento, empieza a vestirse como hombre y termina participando en la conquista española de América.
Suena a un argumento de una novela de aventuras, pero Catalina de Erauso existió.
Conocida históricamente como la Monja Alférez, fue una figura del siglo XVII cuya vida estuvo atravesada por viajes, enfrentamientos y una identidad que desafiaba las convenciones de su época.
En Las niñas del naranjel, Gabriela Cabezón Cámara recupera esa historia y la transforma en la de Antonio, un conquistador que escapa de la horca y se interna en la selva acompañado por dos niñas guaraníes.
Mientras huye, escribe una extensa carta a su tía, la priora del convento que abandonó años atrás.
La novela mezcla lenguas, creencias, animales, paisajes y personajes de distintos mundos para contar una aventura donde la conquista de América deja de ser una historia protagonizada solo por conquistadores.
Cabezón Cámara escribe con una prosa exuberante, llena de imágenes, sonidos y palabras que parecen crecer junto con la vegetación.
Y en medio de tanta violencia, aparece una pregunta bastante sencilla:
¿Es posible aprender a cuidar aquello que antes solamente sabíamos conquistar?
Las niñas del naranjel, de Gabriela Cabezón Cámara
