Tres amigos salen a pescar.
Hasta ahí, nada demasiado extraño.
Un río, una lancha, un pescado enorme y unos días alejados de todo.
Pero en No es un río, Selva Almada toma esa tranquilidad aparente y empieza a llenarla de recuerdos, tensiones y silencios que flotan en el agua turbia del monte. El presente de los personajes está atravesado por una muerte del pasado, y por el paisaje hermoso de día pero hostil de noche.
Almada escribe sobre hombres que no saben cómo hablar de lo que sienten y sobre vínculos que pueden sobrevivir durante años cargando cosas que nadie se anima a nombrar.
Algunas heridas no necesitan que nadie las toque.
Con que vuelvas al lugar donde ocurrieron, alcanza.
No es un río, de Selva Almada.
