Una relación termina.
Un hombre deja la ciudad.
Se instala en una casa en el campo.
Y empieza una huerta.
En Los llanos, Federico Falco cuenta los meses posteriores a una separación desde un lugar bastante particular: sembrando, regando, esperando que crezcan las plantas y prestando atención a cosas que antes quizás no tenían importancia.
El clima.
Los insectos.
La tierra.
El paso de las estaciones.
Mientras trabaja, también recuerda. Su infancia, su llegada a la ciudad, las historias familiares y, sobre todo, a Ciro, el hombre con quien compartió una vida que ya no existe.
Falco convierte el duelo en algo físico, natural.
Tal vez las pérdidas no se superan.
Se riegan.
Se podan.
Se dejan crecer, hasta que finalmente se siembra.
Los llanos, de Federico Falco.
