Todo es normal, cotidiano. Hasta que deja de serlo.
En un cuento, dos mujeres mantienen durante años una amistad a través de cartas. En otro, un soldado japonés recibe una orden precisa y absurda. En otro, una conversación entre una empleada doméstica y su empleadora dice mucho más con el silencio que con la palabra hablada.
Los árboles caídos también son el bosque reúne cuentos donde Alejandra Kamiya observa escenas pequeñas y encuentra en ellas algo que estaba escondido (callado).
Su escritura es serena, precisa y silenciosa. No necesita explicar lo que ocurre: deja una frase, un gesto o una situación ligeramente extraña y permite que el lector complete el resto.
Lo cotidiano es hermoso.
También inquietante.
Los árboles caídos también son el bosque, de Alejandra Kamiya.
